martes, 13 de febrero de 2018

Una carta de Rainer Marìa Rilke

VII

Roma, 14 de mayo de 1904

Muy estimado señor Kappus:

Ha transcurrido mucho tiempo desde que recibì su última carta. No me lo tenga en cuenta: el trabajo, los trastornos y finalmente la salud delicada, repetidamente me mantuvieron apartado de esa respuesta que (así lo quería yo) debía llegarle de días buenos y tranquilos. Ahora, vuelvo a sentirme algo mejor (el comienzo de la primavera con sus variaciones dañinas y caprichosas, duras de soportar, también se hizo sentir aquí) y le saludo, querido señor Kappus, y paso a comentarle (cosa que sicneramente hago de buena gana) su carta, lo mejor que sé. 

      Vea usted, he copiado su soneto, porque lo encontré hermoso y sencillo y nacido con gracia serena. Son los mejores versos que he leído de usted. Y ahora le envío una copia porque sé que es una experiencia importante y plena reencontrar un trabajo propio escrito con letra ajena. Lea los versos como si no fueran suyos y sentirá en su interior con qué fuerza le son propios.

        Ha sido una alegría para mí releer repetidamente ese soneto y su carta; le doy las gracias por ambas cosas.

       No se deje extraviar en su soledad porque haya algo en usted que desee salirse de ella. Precisamente este deseo, si lo utiliza tranquila y reflexivamente como una herramienta, le ayudará a ampliar su soledad por un vasto territorio. La gente (con la ayuda de los convencionalismos) lo tiene todo resuelto de la forma más fácil, siguiendo el aspecto más fácil; pero está claro que nosotros debemos mantenernos en lo difícil y pesado: todo lo vivo se sujeta a ello, todo en la naturaleza crece y se defiende según su índole propia y se convierte en un ser particular, intenta serlo a cualquier precio y contra toda oposición. Poco sabemos, pero que debamos mantenernos en lo difícil y grávido es una seguridad que no nos abandonará; es bueno estar solo, pues la soledad es difícil; que algo sea difícil ha de ser para nosotros una razón de más para hacerlo.


                 También amar es bueno, pues el amor es difícil, amarse de persona a persona es quizá lo más difícil de todo lo que nos ha sido encomendado, lo más avanzado, la última prueba y examen, el trabajo por excelencia, para el que todo otro trabajo es sólo preparación. Por eso los jóvenes, que son principiantes en todo, todavía no conocen el amor: tienen que aprenderlo. Con todas sus fuerzas, con todo su ser reunido en torno a un corazón solitario, inquieto, latiendo hacia arriba, tienen que aprender a amar. El tiempo del aprendizaje es siempre largo y hermético. De este modo, amar será durante mucho tiempo y a lo largo de la vida, soledad, recogimiento prolongado y profundo para aquel que ama. Amar, sobre todo, no es nada que signifique evadirse de sí mismo, darse y unirse a otro, porque ¿qué sería la unión de unos seres aún turbios, incompletos, confusos? Amar es una sublime oportunidad para que el individuo madure, para llegar a ser algo en sí mismo. Convertirse en un mundo, transformarse en un mundo para sí por amor a otro, es una pretensión grande y modesta a la vez, algo que elige y que da vocación y amplitud. Sólo en este sentido, como tarea para trabajar en uno mismo ("escuchar y martillear noche y día") les está permitido usar a los jovenes el amor que les ha sido dado. Exteriorizarse, crear cualquier tipo de comunidad, no es para ellos (que aún han de ahorrar y reunir durante mucho, mucho tiempo), es lo último, lo definitivo. para conseguirlo, apenas hay bastante con toda una vida humana.

               Por esto, los jóvenes suelen equivocarse tan desdichadamente. La impaciencia (que es parte constitutiva de su naturaleza) hace que se arrojen en brazos de otro cuando viene la crecida del amor, que se prodiguen tal cmo son con toda su turbulencia, desorden y confusión ¿Qué puede, pues, ocurrir? ¿Qué puede hacer la vida con esa tropa de semifrustrados que ellos llaman su comunidad, que lo querían llamar su felicidad y, si pudieran, su futuro? Y así cada uno se pierde a sí mismo por amor del otro y pierde al otro y a otros muchos que querían venir. Y pierde la amplitud, el horrizonte y el futuro, cambia imperceptiblemente la ida y la vuelta, situaciones henchidas de presentimientos por una perplejidad estéril de la que ya no puede salir nada bueno, nada que no sea náusea, decepción, mediocridad y caída en una de las infinitas convenciones que, como refugios colectivos, se disponen abundantemente en este camino tan peligroso. No hay ámbito de la experiencia humana tan bien surtido de convenciones como éste, donde aparecen multiplicadas en forma de chalecos salvavidas, lanchas y flotadores. La opinión colectiva ha sabido crearrefugios de todo tipo, porque, inclinada a tomar la vida amorosa como un placer, tenía que convertirla en algo fácil, barato, sin riesgos, seguro, como las diversiones públicas.
                Ciertamente, muchos jóvenes que aman falsamente, es decir, faltos de soledad, entregándose sin discernimiento, extrovertidamente el término medio se queda siempre en este punto—, sienten algo semejante a la opresión de una falta y quieren transformar el estado en que han caído convirtiéndolo, por sus propios medios, en algo fértil y vivo; pues su naturaleza les dice que las preguntas del amor, menos que otras, también esenciales, no pueden ser resultas públicamente ni de acuerdo con ningún convenconalismo; que son pregunta, preguntas inmediatas de persona a persona, que reuieren en cada caso respuestas nuevas, únicas, exclusivamente personales. Pero los que se han arrojado juntos, que ya no se delimitan ni se diferencian, que ya no poseen nada propio, ¿cómo podrán encontrar una salida que les surja dentro, desde la hondura de su derruída solead?
               Provienen de un  compun desamparo y cuando con la mejor voluntad pretenden evitar la convención que les escandaliza (como el matrimonio), van a dar en los tentáculos de una solución menos pública, pero igualmente rutinaria y mortal; en su entorno y en un círculo muy amplio, todo se ha convertido en convención, porque cualquier acto que tiene su origen en una amalgama confusa, prematuramente trenzada, se vuelve convencional. Cualquier relación turbia posee una convención propia por insólita que sea (es decir, por inmortal en el sentido corriente de la palabra). Incluso la separación sería aquí un paso convencional, una fortuita decisión impersonal sin fuerza ni fruto. 
              Quien observe con seriedad encontrará que, como para la muerte, que es difícil, tampoco para el difícil amor se ha encontrado ninguna aclaración, ninguna solución, indicación o camino. Y para estas dos tareas que de manera velada llevamos en nosotros y trnasmitimos sin descubrirlas, no se ha podido encontrar ninguna regla basada en un acuerdo colectivo. No obstante, a medida que como individuos empecemos a vivir, estas grandes cosas nos acogerán con mayor cercanía a nosotros, los solitarios. Las exigencias que el difícil trabajo de amor impone a nuestro desarrollo sobrepasan a la vida; y a nosotros, como principiantes, no estamos a su altura. Sin embargo, si soportamos y hacemos nuestro ese amor como carga y tiempo de aprendizaje, en vez de perdernos en el juego fácil y frívolo tras el que la humanidad se ha escondido de lo más tremendamente serio de su existir, lograremos un pequeño avance y un alivio, quizá perceptible para los que vendrán mucho después de nosotros. Esto ya sería mucho....
             Llegamos precisamente al punto en que por primera vez contemplamoss la relación de una soledad con otra, sin prejuicios y objetivamente; y nuestros intentos de vivir dicha relación no tienen ningún modelo previo. Pero en el curso del tiempo parece que se muestra algo que quiere ayudar a nuestrra vacilante condición de principiantes.
         La muchacha y la mujer, en su nuevo y peculiar desarrollo, serían sólo pasajeramente repetidoras de los vicios y virtudes del varón e imitadoras de profesiones mascculinas. Después de la inseguridad de este tránsito, se mostrará que las mujeres habrán pasado por esos numerosos y variados (a menudo ridículos) disfraces sólo para purificar su propio ser de las influencias deformantes del otro sexo. Las mujeres, en las que la vida permanece y habita más directa, fértil y confidamente, tienen que haber llegado a ser profundidad seres más maduros, más humanos, que el liviano varón, que no se siente atraído más allá de la superficie de la vida por el peso de ningún fruto corporal y que, presuntuoso y apresurado, subestima lo que cree amar.
          Esta humanidad de la mujer, vivida en el dolor y en la humillación, verá la luz cuando se haya despojado de las convenciones de lo únicamente femenino en las transformaciones de su estado y condición; y los hombres, que aún no lo sienten venir, se sentirán sorprendidos y derrotados. Un día, (en los países nórdicos ya hay signos fiables que hablan de ello y lo indican), un día, la muchacha y la mujer serán. Su nombre no significará ya una mera oposición a lo masculino, sino algo por sí mismo, algo que no sugerirá ya complemento o límite y sí, en cambio, vida, existencia, la persona femenina. 
         Este progreso transformará la vida amorosa, que ahora está llena de errores, la transformará desde la raíz (muy en contra de la voluntad de los varones anticuados), la reconstruirá en una relación de persona a persona y ya no de hombre a mujer. Y este amor humano (que se desarrollará con delicadeza infinita y discreta, que se hará bueno y claro tanto al ligrse como al desligarse) se parecerá a aquel que preparamos con trabajo y esfuerzo, aquel amor que consiste en que dos soledades se protejan, delimiten y respeten mutuamente.
              Una palabra más. No crea usted que aquel gran amor que de niño le fue entregado, se haya perdido. ¿Puede decir si en aquel tiempo no maduraron en usted grandes y buenos deseos y determinaciones de las que todavía hoy vive? Yo creo que aquel amor permanece fuerte y poderoso en su recuerdo, porque fue su primera y profunda soledad y el primer trabajo interior que usted realizó en su vida.
            Mis mejores deseos para usted, querido señor Kappus.


Rainer María Rilke
                     


                

domingo, 4 de febrero de 2018

Texto manuscrito de Julio Cortázar


Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me acechan con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
Dónde están tu nombre y tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño
si solamente estás donde ya no te busco


Mendoza,
Argentina, 1944




miércoles, 31 de enero de 2018

JORGE BASADRE

Hace varios años, Basadre escribió lo siguiente acerca de los tres grandes enemigos de la promesa de la vida peruana: los Podridos, los Congelados y los Incendiados. “Los Podridos, dijo, han prostituido y prostituyen palabras, conceptos, hechos e instituciones al servicio de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y de sus apasionamientos. Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nada más existe. Los Incendiados se queman sin iluminar, se agitan sin construir. Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata. Toda la clave  del futuro está allí: que el Perú escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una gigantesca fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos”

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sábado, 20 de enero de 2018

Cuatro boleros maroqueros - Antonio Cisneros

1

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos.

Pero no.

Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.


2

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
         Gran Estilo
                  Gran Velocidad
                           Gran Altura


3

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.


4

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.



domingo, 7 de enero de 2018

Cinco poemas de Vladimir Herrera / Mate de cedrón (1974)

CALIGRAMA


La Mariguana pobre.
La Sal de la Lengua.
El Triste Sol.
Las Ratas calientes.
Tus Ángeles.
Zappa in the summer.
Me brota música.
No requiero de mí.
Solamente soy.
Amo te amo.


RICHMOND 303


No
Fue
Por el asunto ese
De la cocaína
Sino
Puro
Miedo
De que fuera tan linda y pulida
                           y tan sola
Y vacía como una lámpara de Kerosene
                                                                de 1930
Que tuve que abandonarla.
(o en honor de la verdad: dejarme abandonar)
Mi drama (mientras le metía la lengua)
Es haberle querido explicar
En qué consiste la revolución en estos países
O pretender
                   a costa del amor
                   a costa del mar asediado
Una conversación en el aire alborotado
                                                                   evaporándonos,
Pretender soñar en una playa ciega con alguien
                  junto a la hija de un diplomático inglés,
Mirarme
                en ojos que en última instancia fueron
                     mi propio vacío


POEMA

"Cada uno cuiddedde su entierro que imposibles no
hay". Frase póstuma que Quincas Berrido Dagua
 según Quietaría que etaba a su lado.
Jorge Amado

No partí
no hice la guerra
                         ni el amor,
Y mis ojos no fueron estos días
                                        yemas adoloridas,
Ni siquiera la locura invadió mis ssembríos,
Y no canté, ni escribí, ni leí.
Algún momento atiné a dormir sobre mí,
                                                    sobre mis tardes,
Algún momento moví la cola como un erro
              y fui feliz
                            riéndome
                                        sin ocultarme.
Pero no subí a las tribunas, ni trabajé
             no mantuve a mi mujer, ni tuve unos hijos;
Sólo El Canto de la Fragua fue conmigo
                           el amor repleto de peces muertos;
y solamente yo permanecí desnudo ante la lluvia
              que muere tras los espejos;
Y solamente yo
                           Ebrio
                           sin haberme movido de esta tierra
              con flores que viste o arruma el frío,
Y solamente yo.


8

Reformulando:
                         Miro Lima en abril,
He comprendido que mi vida no comienza ni termina aquí,
Bajo este cielo cada una de mis sombras tejió su propia
    memoria,
Igual mi risa ahuyentó gallinazos y seres tiernos,
Y al recordar, siempre,
                                    arcilla de Moix,
                                                             madera vieja,
                   y después los años.



ARTE POÉTICA

¿dónde este mes es un barco fantasma o un tren de nieve?
¿en qué bar de barco estamos borrachso los dosmirándonos?
V. H. 

Industria de yambos
Mambo de mierda y cinturas de papel
Fiesta de la caída
                            Travesaño
             de la cadera que se tuerce
             que haga agua por detrás;
O sino
            Vainilla y desinfectantes
                          a media tarde
                                                y té.
Pobre culo de fresas
Nadie habla desde el culo almendrado
             de las fresas porquesí.
La gran puta poesía cocina de su muerte
                          y la sirve
                                       al día de escribir:
             El verano nacarado
                              y las sombras del verano
            en el sartén de palo;
Hueveo triste y simple, la salvajada de escribir
Agotando, celebrando, confundiendo
                                       deshojando margaritas
                         pateando la misma puerta.




jueves, 16 de noviembre de 2017

ocho poemas de Ande - Alejandro Peralta

a        n        d         i         n         i         s         m         o



Tengo que llenar mis bolsillos de peñascos

                        A donde sea

                        Pero arriba

Ruje la hélice de mis cabellos

                                E    S    T    U    P    E    N    D    O
                             
                                El sol está detrás de mis talones
                                Un gran vuelo serpenteante
                                Las cavernas se agitan
                                I  m i s  r e s u e l l o s  c o m o  á g u i l a s

                                Un huracán de espinos i árboles
                                 hacia el océano de las cumbres

                                Erupción del vesubio del alma

LOS MARTILLOS DE LOS MONTES
                                  SOBRE LOS YUNQUES PULMONARES


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a          g          u          a           f            u            e            r            t            e

     Sobre una pared trunca
     el sol se ha roto un ala


     Siento un vaho de sangre que me quema



    Estar sólo I al borde de este charco de sangre
    I no tener quien grite por mi boca



   Cómo será de triste mi cuerpo
   cuando sea esta misma hora de durazno
   I cante una mujer unto al río
   lengua salada
   de cantos mañaneros
   I me vaya amarrado

   SOBRE LOS HOMBROS DE CUATRO ESQUELETOS

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a     z     u      l       p     l      e      n      o


Para qué este apretar tendón al mismo remo
si ya me he desnudado en hilachas
I está en el barro del extramuro
el gran florero arcádico


Quiero estrenar la otra aurícula
I el lente azul del nuevo telescopio
en este amanecer de parihuanas
I campanas de Pascua Florida


El sol se ha pegado a mi cuerpo
como una erisipela


Quiebra en astillas los alfiléres capilares
C O L I B R Í   D E   M I   P R A D E R I A
I rompe el vuelo
como un mensaje de papel de seda

GARRA A LOS HILOS CÓSMICOS

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c       a        m       i        n        o         s

Sé que es inútil recoger más plumas
de los pantanos llovidos
En todas las mañanas
no hemos hechos más que irnos



Sin embargo de haber teñido orientes i ponientes
con sangre de mis dedos
la noche me ha apisoteado
con sus zaptos embetunados de anestésicos



Soy un pordiosero



Es inútil que te abrillantes la melena
I te cilicles las ojeras
LA LEJANÍA SE HA HECHO PIEDRA
I mis pasos se van a las estrellas


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e     l          i        n        d       i        o             a        n        t        o        n        i       o 

Ha venido el indio Antonio
con el habla triturada i los ojos candelas

EN LA PUERTA HA MANCHADO LAS CORTINAS DEL SOL

Las palabras le queman los oídos
I en la crepitación de sus dientes
brincan los besos de la muerta


           A n o c h e
envuelta en sus harapos de bayeta
la Francisca se retorció como un resorte

mientras el granizo apedreaba la puna

i la vela de sebo

           c o  r r í a   a   g r i t o s   p o r   e l   c u a r t o


Desde el vértice de las tapias
aullará el perro al arenal del cielo


De las cuevas de los cerros
los indios sacarán rujidos como culebras
p a r a  a m a r r a r  a  l a   m u e r t a



Hacia el sur corta el aire una fuga de búhos
I un incendio de alcohol tras de las pircas
prende fogatas de alaridos



A rastras sobre las pajas



                                       la noche ronda el caserío

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n    o    c    t    u    r    n    o        d     e     l         v     a      c      í      o



                 Solo
                 para sentirme de éter
                 Nada
                 sobre la resolana del papel


                 En el arbolado del cerebro
                 las cuencas de la luna

               
                 Mi cigarro que no se acaba nunca
                 de tan vacío de humo
                 En mi boca alirota
                 las aceitunas del silencio


                 I la rana del pensamiento
                 que grita a la última estrella

             
                 Este cuarto que no es mío
                 ni esta aldea

                 SOY UN POMO DE ÉTER DESTAPADO


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v      i      d      r      i      o      s           i      n      s      o      m      n      e      s


                 El viento se desgaja
                 en los vidrios en éxtasis
                 Sangra un reflejo paralítico
                 de luna
                 sobre el frontis anciano

                 Estoi solo y el alma
                 sanguijuelada de recuerdos

                 Cómo son de congénitas
                 a estas horas pasmadas
                 aquellas de mis arrebatos
                 sanguinosos perpendiculares
                 EL CORAZÓN LLENO DE ABEJAS

                 Pero ya están sin alas
                 las golondrinas martires

                 Noche!
                 me agotarás hasta el caos

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c     a     n     t     o         e     n           b     r     u     m     a     s

                Tengo clavado un tumor en la garganta

                Desde aquel día de charcos
                no ha cesado el llanto de las calaminas
                I no hai alpiste ni cantos de jilgueros

                Los carbones cardiacos de la locomotora
                han quemado los horizontes de los días

                Tengo agarrotadas las manos
                I en el cerebro un puñado de vidrios

                Se me van a romper las órbitas
                I me va a saltar sangre por las yemas

                Sorbo las lejanías de tu lengua
                como una ampolleta de láudano

                Para dolerme más has dejado bajo la almohada
                tu pañuelo de lágrimas i tus últimas palabras



sábado, 28 de octubre de 2017

Los detectives salvajes - Roberto Bolaño


Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo.
Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran las de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas.
–En nuestra lengua, claro está –aclaró–; en el mundo ancho y ajeno el paradigma sigue siendo Verlaine el Generoso.
Una loca, según San Epifanio, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica, respectivamente. Los poetas tipo Carlos Pellicer eran, por regla general, bujarrones, mientras que poetas como Tablada, Novo, Renato Leduc eran mariquitas. De hecho la poesía mexicana carecía de poetas maricones, aunque algún optimista pudiera pensar que allí estaba López Velarde o Efraín Huerta. Maricas, en cambio, abundaban, desde el matón (aunque por un segundo yo escuché mafioso) Díaz Mirón hasta el conspicuo Homero Aridjis. Debíamos remontarnos a Amado Nervo (silbidos) para hallar a un poeta de verdad, es decir a un poeta maricón, y no a un fileno como el ahora famoso y reivindicado potosino Manuel José Othón, un pesado donde los haya. Y hablando de pesados: mariposa era Manuel Acuña y ninfo de los bosques de Grecia José Joaquín Pesado, perennes padrotes de cierta lírica mexicana.
–¿Y Efrén Rebolledo? –pregunté yo.
–Un marica menorcísimo. Su única virtud es la de ser si no el único, el primer poeta mexicano que publicó un libro en Tokio, Rimas japonesas, 1909. Era diplomático, por supuesto.
El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la palabra. Los mariquitas, según San Epifanio, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban –aunque no siempre– los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucedía era que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimodo, el trío de la muerte.
–De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie, o con Dino Campana, que come en mesa aparte, la mesa de las locas terminales). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores, en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta nuestra admirada Sophie Podolski cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, excelsos directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón, uno solo.
–¿Quién? –le preguntaron.
–¿Maiacovski?
–No.
–¿Esenin?
–Tampoco.
–¿Pasternak, Blok, Mandelstam, Ajmátova?
–Menos.
–Dilo de una vez Ernesto, que me estoy comiendo las uñas.
–Sólo uno –dijo San Epifanio–, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Khlebnikov.
Hubo opiniones para todos los gustos.
–Y en Latinoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque este tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rohka (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora y junto con Lezama todos los poetas de la Revolución Cubana (Diego, Vitier, el horrible Retamar, el penoso Guillén, la inconsolable Fina García) excepto Rogelio Nogueras, que es un encanto y una ninfa con espíritu de maricón juguetón. Pero sigamos. En Nicaragua dominan mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos, tipo Ernesto Cardenal. Maricas también son los Contemporáneos de México…
–¡No –gritó Belano–, Gilberto Owen no!
–De hecho –prosiguió imperturbable San Epifanio–, Muerte sin fin es junto con la poesía de Paz, La Marsellesa de los nerviosísimos y sedentarios poetas mexicanos maricas. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa, Rubén Bonifaz Nuño, bujarrón amariposado, Sabines, bujarrón abujarronado, nuestro querido e intocable Josemilio Pe, loca. Y volvamos a España, volvamos a los orígenes –silbidos–: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus padrotes del alma. Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una estaca removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que aman y odian con toda su alma) descubren en sus propios ojos hundidos la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada (o del silencio o de la otredad). Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricas y maricones sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.
–¿Y Cesárea Tinajero, es una poeta maricona o marica? –preguntó alguien. No reconocí la voz.
–Ah, Cesárea Tinajero es el horror –dijo San Epifanio.